Básicamente existen dos formas de hacer uso del sol: energía térmica para agua caliente sanitaria y calefacción, y energía fotovoltaica para la producción de electricidad. La tercera solución es la combinación de las dos tecnologías que se traduce en una solución completamente autosuficiente en términos de energía.
Una instalación térmica consiste en una serie de captadores colocados en el tejado, capaces de absorber la radicación del sol y convertirla en calor, agua caliente o en ambas. Estas soluciones producen agua caliente, calefacción o ambas cosas en una misma solución.
El funcionamiento realmente es bastante simple, y de hecho el secreto reside en cómo hacerlos eficientes. Básicamente, una solución solar térmica consiste en uno o más captadores situados, por ejemplo, en el tejado de un edificio. Es en esos captadores donde el agua se calienta a través de un sistema de tuberías, y se transporta a un acumulador para su almacenamiento o para calefacción central. Simple, eficiente y sin coste.
La electricidad solar se llama fotovoltaica o simplemente FV. Se trata de una serie de paneles que contienen numerosas celdas semiconductoras de silicona que convierten la radiación solar en energía eléctrica. Es una manera eficaz y 100% limpia de convertir la radiación solar en electricidad.
El panel está formado por células solares fabricadas en material fotovoltaico, que convierte la radiación solar directamente en corriente eléctrica. Esta corriente se puede utilizar para el uso de cualquier dispositivo del hogar tanto si es una lámpara como la lavadora, TV, ordenador...
Cuando la instalación FV genera más electricidad de la que el hogar necesita, el excedente de energía se puede conducir a la red de abastecimiento público y ganar dinero, o recibir la correspondiente reducción en la factura del proveedor de energía.